domingo, 10 de abril de 2011

Cervezas: 1488 Whiskey Beer


Análisis previo:


Esta cerveza es diferente a las que uno se suele encontrar. Está "construída" en una destilería escocesa que parece dedicada a whisky y vinos (Tullibardine Brewery), lo cual no quita para que tengan una pequeña variedad (tres o cuatro) de cervezas.

La que nos ocupa hoy concretamente, es "1488 Whiskey Beer". ¿Y de dónde ha salido? Del mismo sitio que la Flying Dog Gonzo Imperial: de una licorería de Valladolid con una muy buena selección de cervezas de importación y un trato excelente. Esta vez no la elegí yo, me la trajo mi madre bajo recomendación del responsable de la tienda. Desde aquí, comentar que fue un gran acierto.



La cata:


Lo primero que me gustó fue el color. Yo apostaba por una cerveza tostadita, con su típico color marrón y poco más. Lo que me encontré fue un tono rojizo bastante interesante.

Lo segundo que miré fue el tema de la espuma. No me gustan las cervezas que las echas y llenan el vaso de espuma (obviamente, no me refiero a la espuma de la Guinness), ni las que no hacen espuma y según te las bebes, se te llena la boca única y exclusivamente de espuma (¿a dónde se va la cerveza que yo metí en la boca en estos casos? ¿por qué ese proceso de espumificación?). También cumplió con las expectativas: prácticamente nada de espuma ni en el vaso, ni en la boca. Punto a favor :)

Lo tercero y último, fue el tema de la graduación alcohólica. Normalmente me gustan de, como mínimo, 7 grados. Esta cerveza tiene, exactamente, 7 grados.

También, como dato final, comentaremos que es una cerveza de tamaño estándar (330 mililitros), ideal para tomarse en solitario o compartir un día que no se quieran cometer excesos.

Y la experiencia de degustarla, ¿qué tal?. Al principio, todo sea dicho, los primeros tragos me decepcionaron bastante. La cerveza prometía como concepto, pero luego en mi boca era una simple cerveza tostadita de graduación media-alta.

Como no estaba dispuesto a quedarme con esa sensación tan sumamente vacía, continué degustándola. Y de repente...un interesante sabor a whisky, muy muy muy sutil, apareció. No sabe como si te tomaras un whisky solo, lo cual se agradece. Es una cerveza con regustillo final, que hace acto de presencia en el post-paladar.

¿Y con qué la acompañé? Con un revuelto de shiitakes y unas patatas fritas con sabor a gamba. Interesante combinación todo ello, altamente recomendable y muy fácil de preparar.
En conclusión, esta cerveza al whisky de color rojizo es ideal para el día que quieras algo intenso pero sin excesos, con buen sabor, pero que no se coma los demás sabores. Eso sí, hay que saborearla con paciencia y tranquilidad, deleitándose, para poderle sacar todos los matices.

Como nota final, le daremos un 8.

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